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viernes 1 de julio, 2022
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Invitado

Juan Pablo Chiesa. El poder del libre Mercado y gansada de la distribución de la renta.

Las instituciones sociales como el Mercado, el Derecho o la Comunicación son el producto de un orden social que emerge libre y espontáneamente de la interacción entre las personas.

Hay algo en la estructura social que se formó en el 2003 que demanda del Estado una presencia y asistencia gravitante, así como un virus se come un cuerpo lentamente. Esa idea nefasta del Estado como protagonista del mejoramiento de la vida o del Estado presente, de bienestar o peor que el Estado tiene que darlo todo, nos llevaron hoy a la decadencia de una Republica al borde del abismo con indicadores que ni los gobiernos más funestos tuvieron donde el orden fiscal y los mercados están completamente destruidos siendo el principal rasgo de este gobierno y de su presidente, la ineficacia en políticas públicas y sus niveles de cinismo.

El gobierno de Alberto Fernandez con el discurso liso y barato de “distribución de la riqueza” no logran comprende que hay un abismo entre tratar a la gente por igual e intentar hacerlos iguales. Debemos entender que, solo la conducta humana individual puede ser caracteriza en justa o injusta, de tal manera, la distribución de la renta, si esta es el resultado del orden espontaneo, no puede ser calificada como justa o injusta. La justicia social es un espejismo de colores, una formula vacía y chata que no significa nada. Por lo tanto, el intento de un gobierno de querer igualar los ingresos de los ciudadanos para conseguir una distribución justa de la renta sería una imposición discriminatoria y produciría una brecha en las condiciones básicas por las que una ser humano libre, se somete al gobierno seria inmoral y antisocial.

Pero esta estructura social “perversa” que demanda al Estado y este le da de la mano de la impresión de dinero y ponerlo en manos de un puñado de su gente, pensando no solo en la falacia que vuelve en consumo, sino en mano de un voto. Ahora bien, ese aumento de demanda tiene un alto precio en forma de inflación. En efecto, si aumenta la cantidad de un bien su valor baja, y el dinero no deja de ser un bien de cambio. Que el dinero, en nuestro caso, el peso disminuye su valor equivale a decir que con la misma cantidad se compran menos cosas.

Alguna ves van a entender que el Estado no produce nada, el Estado no genera nada, el Estado se mueve con la plata que los ciudadanos pagamos con los impuestos, entenderán que el Estado y la idiotez de la distribución de la riqueza es la manta corta, a ver si entendemos, una persona con plata o como dicen, “rica” que quiere, libremente, ayudar a los pobres, no tiene por qué repartir el dinero que se ganó por su mérito, sino que su forma de ayudar es mediante el pago de sus impuestos con diligencia.

Cuando una burbuja explota, como es el caso del populismo, deja un ambiente enrarecido en la economía: falta el crédito, que es el oxigeno que permite las inversiones y favorece el crecimiento y desarrollo, y se debilita el sistema por la excesiva presencia de deuda. Un ejemplo de la incapacidad de los mercados es cuando se mete el Estado.

El principio central de un verdadero sistema de mercado, ya lo fijo hace 2 mil años, el Tao Te Ching (también conocido como Lao Tzu), Lao Tzu aconsejó al sabio (gobernante) adoptar el principio de no-interferencia como el mejor camino para asegurar la felicidad y la prosperidad.

Tal y como el principio de orden espontáneo es central para el liberalismo económico, el principio de wu wei (no-acción) es fundamental para el taoísmo.

Los gobernantes gobiernan mejor mientras menos gobiernan, esto es, cuando no toman «ninguna acción diferente a lo natural

Como el agua, el mercado es elástico y buscará su curso natural, un curso que puede ser fluido, mientras más ancho sea el camino que se puede tomar y mientras más firmes sean los diques institucionales que lo contienen. El reto para nuestro pais es ampliar el libre mercado y proveer la infraestructura institucional necesaria para sostener mercados privados y alivianar los tributos.

Cuando el Estado se mete a querer regular el Mercado, metiéndose en los precios es ahí cuando el mercado muere, deja de funcionar. El Estado tiene su función de no regular un comportamiento entre dos individuos dentro de las reglas del juego de la competitividad y la sana critica racional. Si el Estado debe estar cuando este comportamiento se rompe y nace un conflicto de intereses, pero lo que deben entender es que, los precios no es el conflicto. El conflicto lo genera el propio Estado que se mete cuando no debe hacerlo y te dice como debes competir, cuando su función es la de vigilar y no meterse.

Ahora bien, una de las maneras de obtener un mercado eficiente y que funcione correctamente, es la adecuada no regulación por parte de los poderes del Estado, para conseguir calidad e innovación natural. La fluidez natural y dinamia de los mercados tienen un desempeño funcional entre los diferentes actores velando por la libre competencia leal y abierta de esos mercados.

Esta reflexión entre la complementariedad entre los mercados y las regulaciones públicas son las causas de las crisis financieras que se fueron adoptando los últimos 20 años.

Cuando debatimos sobre la competitividad en los mercados y las necesidades de una sociedad, debemos tener argumentos sólidos y similares para el beneficio de estos dos actores (mercado y sociedad)

La competitividad, ya no es asociada a los precios caros o baratos de un producto o se un servicio. A medida que avanzamos como sociedad moderna, cobran relevancia otros aspectos que desarrollan el concepto de competitividad. Estos nuevos semblantes facilitan las actividades de las empresas cuando estas, invierten en la calidad de las infraestructuras; la inversión y disponibilidad de capital humano y las innovaciones de los productos y servicios, como así también, la coexistencia y desarrollo propio y natural de los mercados. Los desequilibrios deben acomodarse y corregirse y los sistemas fiscales y laborales deben reformarse para asegurar muchas más contribuciones equitativas, erradicar el conflicto laboral y equilibrar una relación que tiene como finalidad la producción y el trabajo. Pensar y diagramar un sistema que piense en los mercados y en todos a las imprescindibles provisiones de bienes y servicios, nacionales y globales. Ello significa terminar con la tolerancia de una vez por todas con los mecanismos de evasión fiscal, clandestinidad laboral, excesos en el empleo público, que, solo provocan que aprovechan los huecos de la globalización y dañan su legitimidad.

Debemos pensar en una gobernanza de la globalización y la modernización más policéntrica, capaz de integrar a más actores, y de compartir así normas y costos, pero también beneficios.

El problema de fondo de la Argentina y el debate que debemos dar, no solo la política, sino también los medios de comunicación, el mundo de la cultura, empresarios, trabajadores, es si vamos a aceptar el capitalismo que es la única salida de modelo y el único sistema que rige el mundo. Los países que crecen y se desarrollan son los que no cuestionan el capitalismo como sistema económico y político. Mientras estos gobiernos, grupos y movimientos sociales que se identifican con sectores de la izquierda radicalizada, que por cierto y por suerte, son minoritarios, sigan adoptando el sistema del pobrismo y la corrupción inescrupulosa, seguiremos siendo un país alejado del sendero del crecimiento, el emprendedurismo y el mundo del trabajo. Tenemos que consolidar nuestro sistema democrático de valores, libertades, defensa de la propiedad y la construcción de un capitalismo moderno, inteligente y generador de empleo con una visión nacional que propensa al interés de los argentinos y el crecimiento del país. Hoy nos gobierna el pobrismo y aquellos miserables que expresan y defiendas ideas de la no educación y mantener a un puñado de la sociedad en una indigencia denigrante que son el daño que la Argentina sufre.

INVITADO
Juan Pablo Chiesa
Abogado Laborista. UBA. Magister en Empleo y en Políticas Públicas.
Dirigente político y Presidente de Ap´titud Renovadora.