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lunes 17 de febrero, 2020
Invitado

MARTHA WOLFF. Deshojando el calendario.

Se termina el año. 365 días han pasado. Y han pasado muchas cosas en el calendario personal. Hubo proyectos, realizaciones, triunfos, fracasos, monotonía, rutina, improvisaciones, éxitos, dudas, aciertos, concreciones, alegrías, tristezas, enojos, acuerdos, cariño, desprecios, abrazos, lejanía, besos, indiferencia, dedicación, amistad, expectativas, planes, acuerdos, rupturas, enfermedades, salud, fallecimientos, sorpresas, viajes, amigos y amores de lo que construyen y los que destruyen, pero por sobre todas las cosas hubo vida para sobrellevar  eso que se llama VIDA.

Se termina un año más de nuestras vidas y comienza otro. Y recomenzar es pedir, si sos creyente a Dios vivir, y si no lo sos, al destino, al misterio…porque dentro de todo lo que deseamos y pedimos de lo único que no estamos seguros es quién seguirá el incierto recorrido de los 365 días del nuevo año.

Días por venir. Y ante tanta algarabía, festejos, deseos en la gula celebrativa de las fiestas de fin de año hay angustia por el futuro y balance por el pasado. Mucha comida, mucho alcohol, muchos replanteos si los logros fueron positivos, medianos o negativos. A pesar de los regalos, el vestirnos de fiesta, el convocar a los seres queridos para brindar, el envío de mails de salutaciones con los mejores deseos de felicidad, queda la insatisfacción humana de no haber conseguido lo que nos propusimos porque somos tan imperfectos que no nos perdonamos ser imperfectos. Pero de eso se trata, de seguir, de empujar, de soñar, de no darse por vencido.

Se termina un año. 365 días han pasado y hemos cuidado a los que amamos y los que amamos nos han cuidado y eso es ser ganador cuando día a día se cultiva el entorno, el trabajo, el respeto, la solidaridad y el encuentro a diario con uno mismo para no dejarnos llevar por los vaivenes del afuera.

Se termina un año y entre campanas, fuegos artificiales, copas para brindar, manos para estrechar y abrazos para acercarnos al otro, son las únicas verdades que nos gobiernan. Eso es ser millonario y ese privilegio no se cotiza en bolsa. Es lo que supimos conseguir. El resto es poesía.

Se termina un año y a desafiar los 365 días que vendrán sin bajar los brazos  por lo poco o mucho de lo que podemos hacer para vivir en un mundo mejor.

¡Sueña bien el 2020 y no es capicúa!

Invitada
Martha Wolff
Periodista y escritora


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