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jueves 24 de septiembre, 2020
Invitado

MARTHA WOLFF. Gran incógnita del día después.

El día después es la gran incógnita. El encierro ha cambiado nuestros hábitos. La humanidad ya no se rige por los horarios a los que estaba acostumbrada. A pesar de ser racionales nos hemos movido por reflejos condicionados. El día de 24 hs. ya no lo es. Nos levantamos tarde, lejos del habitual, porque nos acostamos también tarde. La televisión se ha convertido en el turismo que no podemos hacer, ver novelas sirven para meternos en la vida de otros, el celular ha ocupado el lugar del teléfono fijo que apenas suena, las teleconferencias han reemplazado a las famosas reuniones de ejecutivos, el zoom nos permite ver a familiares y amigos para charlar, al diario lo vemos por internet, las compras se hacen a distancia prudencial, a los vecinos los vemos en los balcones para cantar y aplaudir, limpiamos sobre lo limpio, cocinamos inventando menús, escuchamos otras voces y  opiniones por radio,  descansamos como si estuviéramos cansados,  caminamos los metros de la casa como si fuera un cinta, hacemos gimnasia por videos, tomamos clases virtuales, los estudiantes van al colegio a través de una pantalla, si fallece un pariente o un amigo el duelo es por medio de un pésame, si hay niños hay que inventar entretenerlos, si hay amores amarse de memoria, si hay deudas seguirán siendo….e infinidad de cotidianas costumbres y obligaciones que día a día nos han convertido en seres que viven una nueva rutina impensada. Y es a esa rutina a la que le debemos tener miedo, porque nos hemos transformado en seres neutrales. Nuestro comportamiento es el de otra persona desde hace un mes. Los hombres pasaron a ser los esposos de sus esposas con las que conviven como nunca lo hicieron,  las madres atendiendo a sus hijos sin tregua de estudio y actividades, la cocina es una usina de alimentación, el lavarropas funciona a pleno, los artículos de limpieza son el perfume de una primavera fuera de temporada, las salidas de cada uno pasaron a ser la permanencia en el hogar, las ventanas a ser el contacto con el afuera, los animales extrañan la vuelta al perro, el trabajo por mail o por comunicación una tarea en pijama, las mujeres con servicio doméstico son las amas de casa, la coquetería para conservar la feminidad las ha hecho manicuras, pedicuras y peluqueras y a los  hombres en técnicos, ayudante de cocina y ayuda escolar con los deberes de los hijos, las abuelas ausentes son una voz en el WhatsApp o en el teléfono y el resto, es un mundo en el que recién cuando llega al noche y se ven las luces prendidas de los edificios, cuando no se escucha el tráfico, cuando ni un alma se hace presente tocando el timbre….nos damos cuenta que al volver al rutina por los reflejos condicionados que hemos adquirido por el coronavirus nos va costar despegar por haber disfrutado a uno mismo poniéndolo a prueba, del hogar, de los seres queridos, de los valores invalorados por tanto contacto con uno mismo y los demás como nunca. Tengo miedo del día después.

Invitada
Martha Wolff
Periodista y escritora

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