Santo en la Web y en la Red

29 de febrero, 2024

Martha Wolff. Hace 10 semanas la muerte es noticia.

Desde el bárbaro ataque de Hamás el 7 de octubre al sur de Israel empezaron a ser utilizados términos que se fueron sumando al escenario infernal con el asesinato masivo programado. Los terroristas tenían órdenes que cumplir, mandatos que obedecer y  entrenamiento para exterminar al enemigo. Debían sorprender armados y drogados sedientos de sangre y cadáveres. Sincronizados actuaron como robots hiriendo a la paloma de la paz que revoloteaba en esa carpa festiva. Fue un acto cobarde a civiles ante encapuchados armados.

Se llevaron rehenes para apoderarse de alguien a cambio de algo. Violaron en acción de denigración. Asesinaron para matar porque ese era su objetivo. Degollaron cortando cabezas y cuellos para exterminar a todo el que encontraran en el camino de invasión. Quemaron para que el fuego destruyera y convirtiera todo en cenizas. Ametrallaron disparando nubes de balas a lo que sumaron granadas y cuchillos para agregar excitación a su criminalidad.  No hubo límite de edad ni sexo para ejercer la violencia y llevarse a los rehenes a los túneles.

A diez semanas del 7 de octubre hubo algunos canjes de rehenes por presos palestinos. Los que quedan en los laberintos debajo de tierra en el que tienen el cuartel general y equipamiento, no se sabe qué suerte correrán. Los cientos de  privados de libertad sufren el cautiverio y van apareciendo muertos a medida que Israel avanza sobre Gaza.

La reacción del mundo es ambivalente. Para los antisemitas la defensa del ejército israelí es brutal en respuesta a lo padecido no juzgando a Hamás de no haber previsto nada para proteger al pueblo palestino de la contra ofensiva. Las organizaciones internacionales piden alto el fuego pero nunca lo pidieron bajo la lluvia de cohetes que en épocas de tregua padecieron los israelíes. Hablan de desigualdad cuando Hamás estafó al pueblo palestino al usar la ayuda de Gaza para armarse y construir los túneles. No condenan a Hamás la utilización de los servicios públicos como unidades de combate y lanzamiento al exponer a la gente en el área de salud, educación y rezo convirtiendo las mezquitas en depósitos de armas y campos de tiro.

Los comentarios y el ejercicio de los derechos humanos abundan en discriminaciones cuando lo ejercen o comentan. Las crónicas sobre los periodistas muertos en el  peligroso ejercicio de su profesión son llamados asesinatos. La negativa de Egipto y Cisjordania a recibir a los refugiados palestinos es una evidencia que el mundo ignora. La bonhomía del mundo árabe opina pero no se juega en ayudar y salvar a sus hermanos mientras Irán es el “Padre padrone” que alimenta el objetivo de destruir a Israel.

Este conflicto hoy enardecido por una guerra que buscó Hamás, no para liberar tierras sino para matar y  destruir Israel. Por otra parte los palestinos no logran tener un líder para pactar, un militar para tener un ejército y un imán que no blasfeme en nombre de su dios para matar, matar, matar. Los palestinos no solo no se rebelaron ante la dictadura de Hamás, tampoco sus mujeres educaron a sus hijos para el amor y no para el odio.

Hace diez semanas que la muerte es noticia que comenzó transformando una fiesta en un escenario de cadáveres.

INVITADA
Martha Wolff
Periodista y escritora

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