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sábado 4 de diciembre, 2021
Invitado

Martha Wolff. Hay piedras con alma y hombres con alma de piedra.

Esta expresión está varias veces en el Antiguo Testamento, en los libros proféticos, y se utiliza tal cual en el libro del profeta Ezequiel (11,19 y 36,26): “Yo les daré otro corazón y pondré dentro de ellos un espíritu nuevo: arrancaré de su cuerpo el corazón de piedra y les daré un corazón de carne.”

El culto al sufrimiento por haber sido opositores en la Argentina solo es digno de reconocimiento patriótico a los peronistas, kirchneristas, montoneros y ex terroristas de los movimientos llamados revolucionarios. Ellos son los meritorios de los Derechos Humanos, considerados héroes y el resto son enemigos del pueblo. Esto es lo que se vio el 18 de octubre, “Día a la Lealtad”, ciega a Perón, en la que sus herederos imitando sus agresivas arengas, incitaban a la violencia verbal. hasta que pasó a la material. Fue la que desbordó la lógica del fanatismo, cuando algunos adeptos al gobierno vandalizaron las piedras con los nombres por los muertos de COVID, colocadas en las escalinatas del monumento al General Belgrano. Fue un ataque a un cementerio de piedras, simulando tumbas con sus nombres a pleno sol, y delante de la Casa Rosada. Segundo lugar elegido después de haber sido levantadas entre gallos y media noche en la entrada de la Quinta Presidencial de Olivos. Fue un operativo relámpago para no mancillar el lugar en el que vive el presidente cuidando su imagen internacional.

Esas piedras fueron colocadas en protesta por la muerte de seres queridos, que, por falta de vacunas usufructuadas por el poder, para proteger la vida de sus aliados. Para el pueblo pan y circo. Esos trozos, símbolos del dolor popular, fueron levantados y cargados a la Casa Rosada. Necesitaban tapar la vergüenza de esa rebelión de familiares de los fallecidos y olvidados por el gobierno.

Para la puja peronista-kirchnerista, que marcharon el 18 de octubre a Plaza de Mayo, las piedras colocadas nuevamente alrededor del Monumento a Belgrano fueron deshonradas de manos de un delincuente y de una mujer de igual catadura, que volvieron a matar a los muertos al pisar las piedras, arrancar las fotos y carteles de ese altar para recordarlos. Esa afrenta, además azuzada por la multitud que arengaba pidiendo más y más o peor pasivas, eran iguales que todos los que actúan siendo, como  decía Charles Chaplin en su película Candilejas, una multitud que actúa como un hombre sin cabeza. Los que no reaccionaron fueron y son históricamente los que obedecen a líderes que se dedican a la infiltración política de masas para dominar y triunfar a cualquier precio. Ahí llegaron los odiadores partidistas de los cuales se sabe sus datos y antecedentes laborales, pero están libres y protegidos.  Ahí estaban Indiferentes a los que murieron solos, cremados, enterrados y desconsideradas sus familias, mientras había fiesta en el palacio de Olivos. Para esos ejecutantes “dudosamente solitarios”, los muertos representan a los opositores del gobierno porque sus familias exigen Justicia y un memorial. Pregunta: ¿Y si los que están en contra se atreverían con violencia a entrar a la Escuela de la Armada para gritar que todo fue una mentira? ¿Que los lugares de tortura fueron inventados? Y a su vez escrachar los nombres de los desparecidos recordando aquella frase cuando se llevaba la Triple AAA a los subversivos: “Por algo será”?  ¿Qué pasaría?

Los que apoyaron el ataque fueron tan cobardes como los ejecutantes, porque los muertos no pueden defenderse.  Como dijo Marco Tulio Cicerón: “Que la verdad se corrompe tanto con la mentira como por el silencio”, y más cuando es bastardeada.

Para los Derechos Humanos los mártires son los NN, las fosas comunes, y no se dan cuenta que repiten la historia actuando como los asesinos del Proceso. Quieren hacer desparecer y tirar las piedras al río como se arrojaban a los presos políticos.  ¿Lo que pasó fue por órdenes impartidas? También es evidente que los dos encuentros de los familiares para colocar las piedras no fueron transmitidos por la Televisión Pública Argentina.

En la Argentina de hoy lo público dejó de ser el privilegio de las manifestaciones peronistas, ahora es de todos, y si se hace un recorrido tenemos lugares que son simbólicamente el resultado de muertes, más muertes por odio fomentado desde las altas esferas. Pasar delante de la Escuela de la Armada, la AMIA, la Plaza de la Memoria por el atentado del Estado de Israel, la Costanera con un Monumento con los escombros del atentado, la Recoleta con sus muertos famosos asesinados, fusilados y despreciados según la época que les tocó vivir, las manos cortadas de Perón, el escondite y robo del ataúd de Evita, los desparecidos y torturados de la era peronista, la  muerte de Alberto Nisman y cientos de lugares que delatan  un país de necrológicas por tramas políticas con altos costos de vidas. Sn olvidar ataques a cementerios por el culto a matar a los muertos por miedo a que un día se levanten y busquen venganza.

Así el mundo está poblado de monolitos, obeliscos, pirámides, estatuas, túmulos, panteones, mausoleos, menhires, dólmenes, sepulcros, bóvedas, museos y demás, en memoria de los que pasaron a la eternidad al servicio de ideas nefastas y nobles. En realidad hay más culto a la muerte que la vida y  caminamos por esta tierra sobre sus cuerpos decorados de homenajes.

¡Paz y Justicia para los que no se pudieron salvarse del COVID por culpa del Estado! ¡Paz y Justicia por los atentados sin culpables juzgados! ¡Paz y Justica por los ignorados que dieron su vida en nombre de la Patria!

INVITADA
Martha Wolff
Escritora y periodista

EN ESTA NOTA: Martha Wolff Wolff Martha