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miércoles 27 de enero, 2021
Invitado

MARTHA WOLFF. Hoy no es igual que ayer ni será como mañana.

La futurología es una ciencia incierta para predecir de aquí en más.

Pero por la presentología debemos resignarnos con lo que pasa.

La pasadología nos enseña lo que en otros tiempos sucedió.

El coronavirus nos llegó como un tsunami universal. Los Covid 19 nos invadieron afectando a millones y matando a tantos otros.

Las prevenciones y los cuidados fueron como mares encrespados advirtiendo el peligro de vida y de contagio.

Los hogares pasaron a ser oficinas, escuelas, plaza de juegos, restaurantes de 24 horas. abiertos.

Los servicios de limpieza fueron reemplazados por los habitantes de sus lugares de trabajo y vivienda junto a los aparatos eléctricos cada vez más eficientes.

Las tintorerías casi no trabajaron porque la gente no se movilizó, los lavaderos hicieron girar menos sus máquinas, las peluquerías estuvieron cerradas y ahora casi vacías, los negocios bajaron sus persianas por quiebra al no tener venta por no poder afrontar los gastos del comercio, las zapaterías reemplazadas por zapatilleras, la ropa de vestir por joggings, ir al cine por la televisión y films por internet, ir al médico por zoom, comprar remedios por un sitio de las prestaciones médicas, hacer gimnasia con clases virtuales, acercarse a amigos y familiares a través del celular, amar a distancia prudencial, rezar en privado o por programas alusivos, dar un adiós virtual a un amigo o ser querido que falleció, comprar comida por ofertas de supermercados y gastar fortunas en alcohol y lavandina hasta la médula.

Este es el panorama de un hoy tan extraño que solíamos verlo en películas de ciencia ficción. ¿Pero el de mañana con la vacuna mediante cómo será?  Vaticino que ya que nada será como antes. Ha quedado un segmento de nosotros mismos

Impregnado de miedo a veces demostrado a veces resguardado. Con esta guerra invisible de enemigos que a través de los diseños son como “pelitas con sopapas”, que giran buscando instalarse en nuestros pulmones para ahogarnos, son mostrados en multicolores y son parte ya de nuestra obsesión diaria de sobrevivir cotidianamente o atacados o salvados. Es una especie de juego macabro de suerte y destino.

Lo que sienten todos es que al salir a hacer las compras vestidos como astronautas y al regresar con una higiene meticulosa, hemos adquirido el reflejo de retornar lo antes posible porque el encierro nos da más seguridad que el andar por las calles y en lugares públicos. El adminiculo del tapaboca que para todos eran para los médicos y enfermeras, y ahora socializado y obligatorio para no dispersar ni aspirar el virus, es parte de nuestro ajuar. El estar al aire libre ayuda a creer que volvieron los tiempos de antes, pero es un paliativo que nos hace soñar. Luego de vuelta a estar amordazados y enclaustrados.

Para dentro de un tiempo en el que las vacunas propuestas hagan su efecto en los terráqueos, la vida del mañana es una postal que no vimos, una película que no fue filmada, una pesadilla no soñada, un proyecto no calculado y un desafío a enfrentar. La gente siente que nada volverá a ser lo que era porque la gente tampoco ya es la misma. Se ha perdido la paciencia de escuchar al otro reemplazada por los auriculares. También el vestirse elegante para una fiesta y bailar, amar sin trabas, reproducirse sin contaminar al ser por nacer, desinfectar lo que se come que quita el 50% de las ganas de comerlo, contar intimidades cara a cara con amigos, abrazar a los hijos y besar las pequeñeces de los nietos como muñecos de carne y hueso, ir al cementerio a poner flores, arreglarse para estar coquetos, preparar cenas para estrechar la familia y amigos, eran costumbres del pasado.

En la futurología sobre el mapa de este período del globo terráqueo, siento como las pitonisas griegas, que, así como antes no había nada nuevo bajo el sol ahora y de aquí en más todo será nuevo porque nosotros fuimos eclipsados por un demonio del mal que sólo la ciencia será capaz de devolvernos lo que fuimos.

INVITADA
Martha Wolff
Periodista y escritora

EN ESTA NOTA: Martha Wolff Wolff Martha