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sábado 2 de julio, 2022
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Invitado

Martha Wolff. La lectura, compañía insustituible y amiga incomparable.

Esta nota es mi acto de honor y amor en el día del libro.

Para celebrar ese día voy a destacar una película maravillosa, “BUDA EXPLOTÓ DE VERGÜENZA”, ejemplar de lo que significa la educación y el poder escribir y leer. Es un resumen de su argumento que trata  la realidad social, política y religiosa de Afganistán.  Su directora iraní, Hana Makhmalbaf  la realizó a los 18 años.

La hizo con actores no profesionales en un pueblo de la provincia de Bamiyan, en Afganistán, sobre un guión escrito por su madre, Marziyeh Meshkini. La película cosechó un gran éxito y fue galardonada en diversos festivales internacionales de cine como el Festival Internacional de Cine de Berlín y el Festival Internacional de Cine de San Sebastián y tiene una carrera en ascenso permanente. El tema central del film es la marginación de las niñas en algunas culturas y apunta a seguir bregando por la justicia y la educación para todos.

En Afganistán, bajo la estatua de Buda,  destruida  por los talibanes, viven miles de familias. Entre ellos una niña de seis años, Baktay que sueña con ir a la escuela al ver al  hijo de sus vecinos leyendo y contado interesantes historias, mientras ella relegada, hace de madrecita cuidando a su hermanito ayudando a su madre.

Baktay es el personaje central, es una niña con un deseo de progreso a toda prueba y contra todas las discriminaciones.  Ella quiere ir al colegio, pero no tiene ni cuaderno ni lápiz. Decidida, sale a vender al mercado huevos y como lápiz lleva el pintalabios de su madre. Su llegada al aula y su lápiz despiertan curiosidad y deseo de probar ese mágico útil para la coquetería. En el camino hacia la escuela o de retorno, niños que juegan a la guerra imitando armas improvisadas con maderas, herederos de una educación machista que se burlan de ella  apedreándola y reteniéndola para burlarse de ella. En ese juego no solo la toman de rehén a  Baktay si o que ya tenían a otras tres niñas encerradas en una cueva. Ellos, asumen como es costumbre en muchos países orientales, de castigar a las mujeres  para que no vayan a la escuela  y también lo hacen por ser bonitas. Ejercen su poder infantil  como continuadores de la filosofía de la sociedad violenta en la que viven  imitando a sus mayores.

En esta cultura  las mujeres no progresan cuando la educación no es para todos.

La lucha como niña de Baklay es un canto a la vida y esperanza del futuro de la mujer en esos países dominados por una religiosidad extrema y por hombres. 

El estancamiento de los mismos se debe a que esos países no se acogen a  a la Declaración Universal de Derechos Humanosqueen el artículo 26, habla de que toda persona tiene derecho a la educación, de que todo niño o niña que nace, en cualquier lugar del mundo tiene derecho a recibirla  para vivir con dignidad.

La Unesco, en el Informe de Seguimiento de la Educación para todos en el Mundo, cada año,  hace un seguimiento de los progresos realizados hacia la consecución de los seis objetivos que se fijaron los 164 países participantes en el «Foro Mundial sobre la Educación», celebrado el año 2000 en Dakar. En el Objetivo 4 del Marco de Acción de Dakar se hizo un llamamiento a los países para «aumentar de aquí al año 2015 los niveles de alfabetización de los adultos en un 50%, en particular tratándose de mujeres, y facilitar a todos los adultos un acceso equitativo a la educación básica y la educación permanente».

El cine ha sido un medio importantísimo para mostrar este drama sobre todo en los países más pobres el hacer realidad el derecho de la mujer que favorece la creación de una sociedad libre, la equidad entre géneros, y la comprensión y la tolerancia entre grupos étnicos o religiosos. La educación de las niñas es uno de los derechos humanos fundamentales y está vinculado a todos los demás derechos y se traduce en enormes beneficios para la sociedad.  Cuando una niña carece de los conocimientos y la destreza para enfrentar la vida que pueden aprender en la escuela hay efectos a inmediato y largo plazo, afirman expertos de UNICEF desde el  2007 que difundió insistentemente en la necesidad de la enseñanza hacia las mujeres, el resultado es  beneficiosos para la familia y la sociedad porque no existe instrumento más efectivo para el desarrollo que la educación de las niñas para el desarrollo de sus vidas.

Durante la Conferencia Mundial para la Educación para todos (Jontiem, 1990), cien gobiernos señalaron el acceso a una educación de calidad para las niñas y las mujeres como «la más urgente prioridad». En los «Objetivos de desarrollo del milenio 2015, la enseñanza primaria para las niñas se establece también como un objetivo básico: la educación es un servicio y no un derecho humano.

Como ejemplo de este drama social en el año 2008, en la ciudad de Kandahar, un grupo de niñas afganas fue atacada por un grupo de talibánes que les lanzó ácido de batería cuando se dirigían a la escuela, dejando ciegas a dos de ellas y provocándoles graves cicatrices a otras,

Pero algo va cambiando lentamente a pesar del dificultoso entorno, la matriculación infantil ha aumentado. Más de 6 millones de niños y niñas acuden ahora a la escuela, en comparación con 3 millones en 2002. UNICEF mantiene que las escuelas  para proporcionar un espacio seguro para la infancia y a quienes enseñan y aprenden.

También hay que soñar que algún día las Baktay del mundo, gracias al auge de la tecnología, van a lograr que todos tengan acceso a leer y a escribir para comunicarse.  

INVITADA
Martha Wolff
Periodista y escritora