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lunes 30 de noviembre, 2020
Invitado

MARTHA WOLFF. La noche de los cristales rotos y el trasfondo económico antijudío.

El 9 de noviembre es sinónimo de la “Noche de los Cristales Rotos”. Fue en el año 1938 y marcó el comienzo del Holocausto. El nazismo organizó la primera acción masiva contra los judíos y sus instituciones. Fue un pogrom (linchamiento multitudinario en forma espontánea o premeditada hacia un grupo particular, étnico, religioso u otro, acompañado de la destrucción o el expropiamiento de sus bienes) en Europa Occidental. Había que montar la máquina de la guerra y la plata de los judíos pasó a ser el objetivo. Todo fue más allá de los ataques con la quema de las sinagogas en todo el país, a las instituciones de la comunidad, la violación a los domicilios con denigraciones, detenciones, muertes y miles de vidrieras atacadas, con el estallido de los vidrios de sus negocios asegurados en compañías alemanas. El miedo de parte de los ideólogos de la Kristallnacht (noche de los cristales rotos), fue que las indemnizaciones en efectivo que recibirían de las mismas las sacarían del país. Para evitarlo había que deshacerse de más de 300.000 judíos. Países como Inglaterra, Francia y otros se negaron a dar visas. La solución fue la Solución Final.

Con la obsesión de Hitler de arianizar la sociedad y la economía, lo que no previó su estado mayor, fue que las empresas de seguros se presentaran en quiebra ante la magnitud de lo sucedido. Como venganza se les aplicó una multa colectiva millonaria a los judíos, culpándolos de lo sucedido. Para los que querían salir debían donar todos sus bienes al Führer.

Este lado dramático de la persecución antisemita de la “República de Weimar”, en la que la economía de guerra exigía gran capital para montar y lograr el proyecto hitlerista, lo vi en una obra de teatro, en el Teatro Ben Ami de AMIA, dirigida por Manuel Iedvavni, quien junto a Ricardo Halac adaptaron dos textos, de Bertolt Brecht “¿Cuánto cuestan los cristales? y de Jacques Attali “Del vidrio al humo”. En ambos el mensaje es la trama del poder del dinero a cualquier costo de países, empresas, comerciantes, simpatizantes nazificados, que se beneficiaron con la mano de obra esclava al servicio de la producción germana de guerra, para lograr la Gran Alemania.

Y como música de fondo mientras escribía este recuerdo sobre lo que el arte significa para educar, empecé a escuchar como música de fondo, la famosa canción de la película Cabaret, otro hallazgo para mostrar lo que fue el Berlín de las botas y la esvástica, de las marchas y las denuncias, del avance de una política nefasta que desató la Segunda Guerra Mundial con un costo de 60.000.000 millones de personas y asesinó a 6.000.000 de judíos por serlos. Lo que asocié sobre la canción tiene en común con el libelo antijudío, con autores de siglos tanto religiosos como políticos, en el que, el judío, era igual a la voracidad por la plata, prestamista y usurero. En la obra teatral que comenté, actualmente se sigue utilizando el mismo argumento, sumado al odio que representa el judío, como cantaba Liza Minelli: 

Dinero, Dinero, Dinero
El dinero hace girar al mundo
El mundo gira
El mundo gira
El dinero hace girar al mundo
Hace que el mundo gire.
Una marca, un yen, un dólar o una libra
Un dólar o una libra
Un dólar o una libra
Es todo lo que hace que el mundo gire,
Ese tintineo de sonido metálico
Puede hacer que el mundo gire.
Dinero,  dinero, dinero, dinero, dinero, dinero,
Dinero, dinero, dinero, dinero, dinero, dinero,
Dinero, dinero , dinero, dinero, dinero, dinero,
Dinero, dinero.

INVITADA
Martha Wolff
Periodista y escritora