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sábado 16 de octubre, 2021
Invitado

Martha Wolff. La pantalla de la televisión entre un monologuista y un dialoguista.

Ante el aumento de afectados por el coronavirus se han tomado medidas que no están en la medida de lo correcto.  El Presidente Alberto Fernández, como siempre con su verborragia, dejó un gran malestar en los argentinos. Sin escrúpulos ofendió a la independencia de la ciudad como si fuera el dueño del país y mientras lo escuchaba, recordé cuando su vicepresidente en un discurso que dio en la Provincia de Buenos Aires, para congraciarse con la pobreza de ese territorio, dijo que cuando veía los helechos iluminados de la ciudad se sentía mal. En este nuevo enfrentamiento luego de decidir quedarse con una parte de las regalías que entran para gobernar la ciudad,  le faltaba esto. No será más claro que el agua pero todo lo que funciona y  tiene éxito, el Presidente Fernández se encarga de destruirlo ofendiendo y despreciando lo que no es harina de su costal, sacando la cara ante las presiones de la ideología kirchnerista. Su táctica es que los que tienen poder adquisitivo o reditúan, hay que compartirlo con quienes roban, desprecian y culpan a las anteriores conducciones del país como fracasos. Por supuesto, sin tocar las fortunas mal habidas de dirigentes y los presos liberados como si fueran héroes.

Otro saber amargo fue la ofensa a los trabajadores de la salud, que nunca se han podido relajar cumpliendo sin descanso el salvar vidas. Comparado con el viaje a Chapadmalal en el helicóptero oficial con  Dylan para descansar,  pagado por nosotros, es inadmisible su ataque.  Sus bajos salarios comparados con el apoyo económico del Estado al Instituto Patria y a sus alumnos, donde van a la escuela del adoctrinamiento, es vergonzoso.

Y la ofensa a la educación con el cierre de las escuelas, perturbando la vida de sus padres trabajadores que confían que en clase crecen aprendiendo, socializando y enriqueciendo su intelecto para el futuro. Eso de nombrar a los disminuidos disminuyéndolos aún más, de los sanos que intercambian barbijos como se intercambiaban figuritas, discriminando su sentido de responsabilidad, y de las mujeres que son peligrosas en las puertas del colegio como fuente de contaminación, es de mala educación. Todo esto y mucho más, que fue un show de terror de parte de un presidente que se cree el salvador de la nación y es parte del Titanic partidista.

Pero para contrarrestar a una persona responsable de la ciudadanía, el Jefe de Gobierno de la  de la Ciudad de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta, habló como un señor, contó los proyectos para disminuir los casos científicamente, de lo compartido por el gobierno para mejorar la difícil situación, confesó su dolor ante las medidas, sin consultas de atacar  a los porteños,  a  los padres de los escolares, a querer controlar policialmente el respeto por los horarios dispuestos por el rey de los DNU inconstitucionales. Y dijo una verdad más grande que el globo terráqueo, y es que las medidas tomadas son directamente proporcionales a la falta de cuidado por parte del estado en vacunación y adquisición de las mismas.

Así la imagen de uno y del otro marcó el apuro por las PASO, este es el principio del fin… sumadas las protestas sociales por todos lados, la desobediencia de algunos gobernadores, la espontánea salida a protestar frente a la residencia de Olivos, las críticas de grandes personalidades de la cultura, el periodismo y la economía.

INVITADA
Martha Wolff
Periodista y escritora

EN ESTA NOTA: Martha Wolff Wolff Martha