Puntoseguido.com.ar | Santo en la Web y en la Red
INFO / ESPECTACULOS / DEPORTES / POLICIALES / POLITICA / ECONOMÍA / OTRO TEMA / INVITADO / LO QUE HAY QUE SABER / EDUCACIÓN, CIENCIA Y TECNOLOGÍA / AYUDA SOLIDARIA / SONRILANDIA / REGIONALES
sábado 28 de noviembre, 2020
Invitado

MARTHA WOLFF. La quema de los libros.

El 10 de mayo de 1933, en el extremo sur de la Avenida Unter den Linden de Berlín. en la plaza pública Bebel, en alemán Bebelplatz, tuvo lugar La Quema de los Libros. Antiguamente esa plaza era llamada Opernplatz, porque hacia el este de la misma se encuentra el edificio de la Ópera de Berlín, al oeste la Universidad Humboldt y al sur la Catedral de Santa Eduvigis.

La Bebelplatz fue escenario de la hoguera en la que se quemaron miles de libros de autores censurados por los nazis, como Karl Marx, Sigmund Freud y Heinrich Heine, quien fue un visionario cuando escribió, cien años antes, en un libro la frase: «Eso sólo fue un preludio, ahí donde se queman libros, se terminan quemando también personas.”

La quema de libros llevada a cabo por las camisas pardas, entre estudiantes y profesores del Partido Nacionalsocialista y las Juventudes Hitlerianas e instigada por el Ministro de Propaganda Joseph Goebbels, quemando 20.000 libros de autores que habían sido condenados al ostracismo por considerarlos “peligrosos”.

Ese atentado también estalló en otras veintiuna ciudades universitarias que tomó el nombre de “Acción contra el espíritu anti alemán”, que comenzaba con la toma del poder del régimen nazi, la persecución sistemática de los escritores judíos, marxistas, pacifistas y otros opositores o desagradables a ese sistema político.

En esa Bebelplatz hay un monumento muy original sobre lo allí acontecido. Al ras del suelo un vidrio deja ver una biblioteca con estantes vacíos como metáfora de lo depredado por los secuaces en aquel día y una placa reza lo escrito visionario por Heine. Visitar ese lugar es una cita de honor para comprometerse a que nunca más eso suceda. Y en mi caso, al arrodillarme para ver esa escena de estanterías se me superpusieron imágenes de la Inquisición y de la quema de la Biblioteca del Pueblo que había sido la sede del Partido Socialista en Buenos Aires en 1953. Yo vivía cerca y fui con mi padre a ver lo que quedaba y también vi llorar a mucha gente…. También recordé la quema del Jockey Club, años después a la Catedral por rivalidades políticas entre peronistas y antiperonistas hasta que en el Proceso en abril del año 1976 hubo dos quemas de libros en Córdoba. Una en la escuela secundaria comercial Manuel Belgrano, donde el interventor, teniente primero Manuel Carmelo Barceló seleccionó 19 libros de la biblioteca escritos por Marx, Engels, Julio Godio y Martí y ordenó quemarlos en el patio con alumnos como testigos de este gesto “patriótico”. En los meses siguientes desaparecieron doce adolescentes, alumnos decenas de chicos expulsados y varios docentes cesanteados

Ese tipo de medidas fueron siempre tomadas por regímenes autoritarios. La dictadura cívico militar en nuestro país, recurrió frecuentemente a esta práctica, a la que denominaba “rituales purificadores”, que luego lo hicieron con personas.

Luego fue la segunda gran incineración ordenada por el General Luciano Benjamín Menéndez, llevándose a cabo una quema de libros secuestrados de bibliotecas, colegios y universidades. El Jefe del Regimiento de Infantería Aerotransportada 14 del Comando del III cuerpo del Ejército, Jorge Eduardo Gorleri,  fue quien dijo a la prensa que esa era una decisión “patriótica”, ordenando prenderles fuego a la vista de todos: “Con el fin de que con este material continuara engañando a nuestra juventud, sobre el verdadero bien que representan nuestros símbolos nacionales, nuestra familia, nuestra iglesia, nuestro más tradicional acervo sintetizado en Dios, patria, hogar”. 

Para recordar esta fecha solo he rescatado algunos ejemplos, como para honrar a las palabras quemadas que con sus cenizas al viento siguen vivas despertando cuerpos y almas para seguir danzando en el mundo de las ideas y de los pensamientos, de los ideales y de los proyectos porque nunca morirán. A pesar de la quema de sus libros, sus autores siguen vivos, mientras sus ejecutantes son ignorados por la historia o nombrados como lo que fueron, asesinos.


Invitada
Martha Wolff
Periodista y escritora