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domingo 19 de septiembre, 2021
Invitado

Martha Wolff. La sangre azul es de la realeza y la roja del pueblo.

El “Olivosgate” es un temazo además de un presupuestazo. La verdad es que cuando vi “The Crown”, la serie inglesa de la vida de la reina Isabel II, con la costosa y costumbrista vida de la realiza británica que los mismos ingleses aprueban, me pareció un despropósito a una vieja tradición, pero que ellos aman. Pero que en la Quinta Presidencial se atribuyan aires de forma de vida al mejor estilo palaciego, me pareció una desubicación social gravísima. Primero porque los que la pusieron en práctica no tienen sangre azul y segundo porque lo paga el pueblo engañado.  

Cuando desde el poder se da moralidad, prevención, órdenes y cuidados para no contagiarse de la pandemia del coronavirus a la población, mientras son citados personajes afines al gobierno kirchnerista para ajustar sus situaciones o a las que representan y sumar votos. Así como cuando se vacuna a determinado grupo, los enfermeros de la Cámpora cantan la Marcha Peronista, creyendo que Perón desde el cielo les está enviando las dosis y salvarlos, también los anotados para servicios burgueses a la elite vacunada y presidenciable, se suman a los gastos de tareas banales que paga el mismo pueblo montando un carnaval político.  Por ejemplo, que el paseador de Dylan y su entrenador se ocupan de cuidar y pasear al perro del presidente de la Nación, porque se ahoga en el mísero predio de la quinta de Olivos, y para que termine hablando en vez de ladrar, es una cargada mientras los chicos tienen que estar encerrados.  O que las exigencias de la Primera Dama ante el mundo sean tan grandes que hay que ayudarla a que se luzca con asesores de imagen. Saltó a la luz la lista de los que entraron a la Quinta de Olivos en el peor momento de la pandemia como si en ese predio todo estaría normal mientras millones padecieron y padecen el encierro mientras ellos disfrutan de la vida.

La Quinta Presidencial no es del Presidente, si no que él es un usuario temporario, y la maneja a su antojo como si fuese de su propiedad. Debe saber que es un lugar de privilegios y se debe  honrar al mismo. Que si alguien dio la lista es por venganza y por justicia, porque lo que hizo es una burla a la confianza y al respeto de su investidura. Haber convertido semejante espacio en un desfile de moda, de artistas, de empresarios, peluqueros y otros rubros, es una falta de respeto, primero porque está prohibido semejante corredor de visitantes por el Covid-19, y segundo porque lo hizo con el presupuesto del dinero público.

No me interesan los secretos o lujurias de alcoba, pero sí que nos tomen de ciudadanos de segunda clase, sin poder comer asado mientras en las parrillas de ellos se comen los mejores cortes con los más destacados vinos al mejor estilo de los ricos. Y esto no es nada nuevo bajo el sol ya que todos o casi todos los gobiernos han cometido los mismos errores, enamorándose del poder, mientras desde el balcón de la Casa Rosada se saluda a los hambrientos. Sabemos que los finales no han sido felices de los que abusaron de sus regalías y que hay mucha bronca contra la mentira entre el “viva la pepa” y que muera el que no puede vivirla.

INVITADA
Martha Wolff
Periodista y escritora

EN ESTA NOTA: Martha Wolff Wolff Martha