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jueves 25 de febrero, 2021
Invitado

MARTHA WOLFF. Libertad de expresión es lo opuesto a libertinaje.

Hace unos días, una joven cordobesa hizo un chiste antisemita viralizado por WhatsApp, al que le respondí, y al que me escribió arrepentida pidiendo disculpas.

Ayer se repitió otra expresión xenófoba acusando a los judíos de ser los culpables de la pandemia del coronavirus, junto a empresarios también judíos, y otras ofensas más viejas que el tiempo, ya que históricamente los judíos siempre fueron el chivo expiatorio de todos los males.

La ira hacia el pueblo hebreo se basó en la irritabilidad que produjo su fidelidad a su Dios único. Mientras el resto del mundo buscaba otras creencias, siempre molestó su indeclinable fe. Y fueron acusados de especuladores, cuando los mismos que los culparon les dejaron solo ser comerciantes; los señalaron enemigos porque esperan al Mesías, porque creían en un libro sagrado en el que estaba escrito la historia de su pueblo; los sometieron a torturas en la Inquisición, en el Holocausto, en ser culpables de la crisis económica del Tercer Reich y cientos de injurias y muertes a través de milenios. Llama la atención, que justo ahora reaparece el antisemitismo, además propagado como el coronavirus a través de la televisión de tendencia “kirchnerista-oficialista”, como lo fue aquel libelo de sangre, en los que acusaron a los judíos de matar niños cristianos para amasar con su sangre la matzá (pan sin leudar), que se utiliza en la celebración de Pesaj (las pascuas judías). De este modo también vuelven “Los Protocolos de los sabios de Sión”, creados para justificar los Pogroms en Rusia a comienzo del siglo XX, para inculcar odio, imitado por Hitler, el extremismo islamismo, con el mismo objetivo de acusar de dominación y conspiración judeo-masónica a los judíos para dominar al mundo, luego utilizado por los comunistas, la ultra derecha y difundido en internet por sus ideólogos de la ultra derecha.

No es casualidad que el periodista de C5N, Tomás Mendes, haya traído este tema y su vómito de odio, a pocos días de la celebración de las Pascuas Judías.

En su trayectoria, este profesional ha sido un adalid del periodismo justiciero, para descubrir desde el robo de la luz, hasta el tráfico de drogas y otros temas. Fue entrevistador deportivo y político. Yo pregunto: ¿Esto lo autoriza a mostrarse como un gran antisemita? ¿A qué fracción racista pertenece, qué se busca con esas declaraciones? ¿Quiénes están detrás de él para encontrar otra vez un chivo emisario y aliviar la angustia de los que buscan los culpables del mal que aqueja a todos?  Este periodista, al que le queda grande una profesión tan maravillosa para informar, mejor hubiera sido que supiera sobre los judíos y de lo padecido por gente como él. ¿Será un ataque individual o responderá a los que en plena democracia como marmotas adormecidas esperaron despertar cuando la política de turno les da lugar a actuar? Bueno es saber que ellas se comunican en sus madrigueras cuando hay peligro y cuando tienen el camino abierto.

Este es el momento para que actué para lo que fue creado el INADI, como corresponde, sin banderas políticas, para no utilizar la libertad de expresión usándola como libertinaje, como lo fue el “líbelo de sangre” y “los Protocolos de los Sión”, y demás organizaciones al servicio del mal.

IVITADA
Martha Wolff
Periodista y escritora