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lunes 28 de septiembre, 2020
Invitado

MARTHA WOLFF. Manos que salvan versus manos que matan.

El ser periodista es a diario una permanente sensación de estar en contacto con lo que pasa en el mundo. Es viajar, enterarse, actualizarse a través de noticias, mails, crónicas, WhatsApp, noticieros, comentaristas locales e internacionales, sobre lo que sucede, tanto lo bueno como lo malo, y produce una pantalla imaginaria gigante que nos mantiene alerta e informados. También hace oscilar las emociones porque produce angustia, alegría, críticas y replanteos sociales, religiosos y políticos. Pienso en lo que le sucede a los que no son periodistas, a la gente en general, sobre todo cómo asimilan algunas noticias que son extraordinarias a través de las pantallas, para saber que no todo está perdido y que hay gente que hace milagros científicos para salvar vidas.

Hago esta disgregación porque mientras hay asesinos, violadores, vendedores de muerte como la droga, guerras, fabricación de armamentos y de destrucción nuclear, torturadores, secuestradores y toda la gama de perversidades físicas y psíquicas, también hay científicos, cirujanos, médicos, investigadores, enfermeros y demás, que salvan a los que sufren o está en juego su existencia, a los dolientes para aliviarlos, a los heridos para curarlos…

Hace unos minutos recibí un video de una cesárea de una mujer con coronavirus, casi a término de su embarazo. Los médicos para salvar a la criatura se lo sacaron, pero con el saco amniótico, para que no se contamine de la madre. Gracias a una filmación se ve al bebé que, ante el dedo de la obstetra, al tocarle la carita a través de la membrana, éste le respondía con el reflejo de succionar y moviéndose. ¡Qué emotivo y bello fue verlo! ¡Fue impactante!  Confieso que se me nublaron los ojos ante esa escena de salvataje y a la vez de tanta crueldad, ya que no se sabe el destino que correrá su madre a causa del virus.

Al ver este video de inmediato lo asocié con el caso Carolina Piparo, quien, embarazada de ocho meses, en el mes julio del año 2010, había ido al Banco Santander Río de La Plata a retirar dinero. Dos ladrones para robarle el dinero y ante su resistencia, le dispararon y una bala impactó en su cara. Su hijo nació por cesárea habiendo sufrido las consecuencias traumáticas del ataque y solo vivió una semana.

Pensé en estas dos historias paradojales. Dos destinos de vida y muerte de dos mujeres embarazadas. Una condenada por un virus asesino y otra por un ladrón criminal. Un caso que habla de las manos salvadoras de cirujanos y otra de manos de un homicida. Una que apuesta a la vida de un hijo que puede sobrevivir y la otra que por dinero mata a la madre junto a su hijo. Una madre condenada por una pandemia y la otra condenada por un homicida. En los dos casos se trata de la suerte de dos mujeres en la que una es una incógnita sobre la evolución de su contagio y la otra con su pena imborrable por el brutal ataque que frustró su maternidad. Una asistida por la medicina con los medios máximos posibles para que su hijo viva y la otra asistida por médicos para salvar a ambos. Una madre que no se sabe si su hijo será huérfano de ella y otra una madre que terminó siendo huérfana de su hijo.

Este drama con escenas que elevan la condición humana gracias a la ciencia y la otra con repudiables acusaciones a la baja calaña humana, apunta también a la liberación de uno de los delincuentes presos, que atacó a Carolina Piparo, quien fue favorecido con la liberación reciente y antes de salir la llamó para amenazarla.

Ambas maternidades en situación de crisis me llevaron a esta asociación para homenajear a ambas en sus tragedias y para aplaudir con amor a los hijos de todos aquellos que usan las manos para crear y no destruir.

Invitada
Martha Wolff
Escritora y periodista