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miércoles 26 de enero, 2022
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Invitado

Martha Wolff. «Palabras de amor fundidas».

300 o más placas fueron robadas de las tumbas del Cementerio Israelita de La Tablada.

¡300 placas sustraídas en un operativo planificado y encubierto del que nadie vio nada ni escuchó nada antes, mientras y después de ese ataque! Los ladrones llegaron a pie o transportados. Hubo ruidos de motores, golpes, movimiento, lo que equivale a haber movilizado cantidad de personas dispuestas a violentar las tumbas, usar herramientas para despegarlas, arrancarlas y cargarlas. Eran duchos en el conocimiento del terreno,  horarios del movimiento de seguridad, eran ágiles para moverse, cargar y escapar con bolsas pesadas. Al silencio del cementerio se le sumó la falta de testigos y de ronda de guardias propios y policías provinciales destacados en el mismo. Así vivimos en país de rejas y alarma para sobrevivir a la inseguridad.

La pregunta que surge es quienes lo idearon y porqué lo hicieron. La repuesta es: por un lado fue un proyecto para mano de obra desocupada y recibir dinero por el trabajo y por el otro un predio tentador de placas de bronce sobre las tumbas para fundirlas. Y para eso fue necesario contar con manos fuertes para despegar, desprender, presionar, golpear y dañar al máximo a las tumbas en un acto cobarde sobre quienes ya no se pueden defender.

Lo que pasó fue más que un robo, fue un atentado otra vez a una comunidad próxima a la fecha del asesinato al fiscal Nisman. Como así también el ensañamiento en el monumento de Memoria Activa por los asesinados en el atentado a la AMIA. Los esbirros no tuvieron un ápice de piedad, desplegaron a diestra y siniestra su objetivo ante la recordación de los 85 muertos por el terrorismo. Lo sucedido como hecho policial se suma al vandalismo que viene sucediendo en otros cementerios judíos del mundo por el recrudecimiento del antisemitismo. Ver las fotos  estremece y lo primero que cada uno pensó  fue si fueron dañadas las tumbas de sus seres queridos  a los que dejaron en metal palabras de amor.

Tablada ya había sufrido parecidos ataques y la experiencia no sirvió ni a nivel comunitario ni Provincial y  se reiteró  la desconfianza al estar desprotegidos.

Un domingo a la mañana haberse levantado para ir a Tablada, llegar y ver lo pasó fue un doble duelo.

Las 300 placas de bronce ya deben estar fundiéndose, los detractores en sus trabajos o girando y la omertá al servicio de la mafia son el colorario de un semejante acto de cobardía y barbarie.

Sabiendo que Israel es a nivel tecnológico único en el mundo, sobre todo en materia de sensores que custodian fronteras y murallas, se debería resguardar con ellos los lugares sagrados como Tablada. Para que tanto deudos como difuntos puedan ser honrados con dignidad ante la delincuencia vigente.

INVITADA
Martha Wolff
Periodista y escritora