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viernes 9 de diciembre, 2022
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Invitado

Martha Wolff. Perdón muertos por Covid por la ofensa.

Como ciudadana me siento indignada por las palabras discriminatorias de quien  es vocera presidencial y quien a su vez dice ser un presidente democrático. Es despreciable su comentario, más parecido a los que decían, “que por algo será que desaparecieron”, en la nefasta dictadura militar. Debería hacer honor a su apellido Cerruti, y cerrar la boca porque cada vez que habla, parece una marioneta accionada por un titiritero político. Es una típica obsecuente de la obediencia de vida. Saca la cara, emite opiniones que no condicen con la realidad, solo respaldando a su sueldo y su acople al lugar que le dieron. Como periodista y escritora es una mala oradora, y como oradora ofende a la prensa y a la población.  Sus seguidillas de falsas defensas indefendibles del poder ya la tienen enmarcada en sus respuestas insolentes y  faltas de verdad.

La última explicación fue más una denuncia al mejor estilo de las dictaduras para señalar al enemigo. ¿Enemigo pero de quién? De los que gobiernan para los partidistas ya que los demás no son considerados pueblo. Esta acusación es gravísima en un país que se trepa por las piedras de un muro que ellos mismos construyeron. De piedras que separan los peronistas y los kirchneristas de los otros partidos opositores. Piedras que los fanáticos de un partido decadente ponen en el camino. Piedras que arrojan al Congreso cuando debate lo que no les gusta porque los perjudica. Piedras que tiran a la Policía cuando defienden lugares a resguardar y piedras que destruyen lo que tanto cuesta construir.

Pero las piedras que se acumularon para ser protegidas con los nombres de los que fallecieron por COVID-19 no son piedras arrojadas con violencia, sino colocadas con el amor y el recogimiento de sus deudos en su memoria. Pero la memoria de Cerruti  es peligrosa y fascista al señalar que fueron colocadas por los de la “derecha”,  pero es populista cuando habla de las patas de los que van a la Plaza de Mayo a tocar el bombo en las manifestaciones que son de “izquierda”, siguiendo el ritual de dividir para gobernar.

Y vaya como premio ir de viaje para seguir siendo la vocera presidencial anunciando lo que no es, difundiendo falsedades y trabajar al servicio de la genuflexión, que es éticamente la peor de las elecciones para vivir con dignidad.

Perdón pido a los 130.000 fallecidos por coronavirus que no tuvieron la vacuna porque estaba reservada a los VIP gobernantes y de la ronda de amigos del poder. Tal vez, si los que siguen en pie y viajando para ser nuestros representantes, no se hubieran apropiado del miedo a la muerte y de ser insustituibles corriendo a ser vacunados, hoy  serían también piedras…

INVITADA
Martha Wolff
Periodista y escritora