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miércoles 14 de abril, 2021
Invitado

MARTHA WOLFF. Pinocho versus payaso.

El Presidente de la Argentina, dijo en una conferencia de prensa que dio en su visita oficial a Méjico, que lo que se desencadenó por el escándalo de la vacuna prioritaria a los partidarios políticos, amigos, familiares y demás enrollados en la trama kichrnerista, es una “payasada”.  Se refería a los medios de comunicación y a la oposición. De esa manera siempre encuentra un chivo expiatorio para endilgarle la culpa. Viejo mecanismo de los que se sienten culpables.

Pero es interesante analizar la palabra “payasada” que refiere a hacer reír con su narizota, muecas cómplices divertidas, con la boca pintada de eterna sonrisa, sus zapatos chaplinescos, su traje multicolor con entorno de tul en el cuello, su gorro triangular que remata con un pompón, a un payaso que trabaja en el circo. Fernández más que nadie, sabe de circo, de engañar con sus discursos, borrando con el codo lo que escribió con todo lo que dijo antes de ser elegido para su cargo, por la vicepresidenta Cristina Kirchner. Ella en el circo de su entorno es la domadora que, con el látigo, los castiga a todos, y subida al alambre para hacer equilibro, con su traje tutu, mira desde las alturas para controlar al público que la está mirando. Ella que entre leones amaestrados los hace bailar, porque si no son despedidos automáticamente. Los espectadores son lo que tienen que aplaudir lo que pasa en la arena, y comer como las fieras lo que les tiran, porque son ellos los que viven en la cuerda floja.

Le digo al Presidente, si cree que ofendiendo como lo hizo, diciendo que lo que se montó fue una payasada, que nosotros, la oposición, somos junto a todos los argentinos los que padecemos de los manejos y de las mentiras orquestadas, y que no somos enanos de mente, que las piruetas de su troupe no nos van a distraer con la pelota de colores que hacen rodar, ni nos van a hacer entrar por el aro.  Podrán engañar haciéndose los osos parados sobre una tarima y levantando las dos patas de adelante para demostrar que hace equilibrio, pero sabemos que ellos son como el zorro, que pierde el pelo pero no las mañas, o hacer trotar al caballo con base de entrenamiento, o rugir a los animales salvajes que están en cautiverio.

Usar dentro de la verborragia la palabra “payasada” es una ofensa al pueblo, a los periodistas, a los medios de comunicación que no se venden, a la Justicia con mayúscula por haber utilizado un término tan despreciativo. Payasada es lo que armó la cúpula kirchnerista y peronista dando un  espectáculo deplorable entre la vida y muerte.

El Presidente Fernández está acostumbrado a disfrazarse día a día para no perder el poder y dejar de ser el “Pinocho” de la literatura local. La carpa montada es para distraer a los giles con el bombo y platillos,  a los que asisten a sus funciones y aplauden haciendo la V de la falsa victoria.  Y como parte de la payasada, pero presidencial, apareció un mago, que en vez de sacar de la galera un conejo, saca con abacadabra, millones de vacunas para darle al pueblo lo que es del pueblo.

Se le debe devolver dignidad  al  payaso, a un hombre que eligió hacer sonreír a la gente. Payasada es  gobernar poniéndose la careta de `populistas explotadores de la pobreza. Payasadas  es nombrar a una Ministra de Salud que estaba al tanto de lo que pasaba en el circo mientras jugaba al pececito ante las cámaras y de un fantoche como Cafiero que sigue diciendo que todo fue mentira y confabulación.

Aplausos para los payasos y cárcel para los dueños del circo que han transformado a un país en ayunadores de sus jaulas de oro y títeres de sus mentiras y robos.

INVITADA
Martha Wolff
Periodista y escritora

EN ESTA NOTA: Martha Wolff Wolff Martha