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miércoles 25 de noviembre, 2020
Invitado

MARTHA WOLFF. Reloj, no marques las horas…

El tema central desde hace más de cuatro meses es sobre el coronavirus que nos ha cambiado la vida. Y es cierto. Nos transformamos en gente casera, en personas encerradas, en seres que nos vestimos de entrecasa. y que de repente no sabíamos que estábamos capacitados para hacer de todo.
Resulta que la caja de herramientas fue abierta muchas veces, que limpiamos nosotros mismos lo que ensuciamos, que el lavarropas es nuestra mano eléctrica, que comemos lo que cocinamos y con variaciones como los chefs, que el día no alcanza para tanta ocupación. Increíble que las horas pasan y estamos como un reloj nuevo de un tiempo nuevo que marca las horas para dividirnos en tareas, encuentros  por internet, para entregar trabajo, para ayudar a los hijos, para ver lo mejor en cine y teatro. En mi caso dividí el día en tres partes: desayunos, gimnasia y tareas del hogar. Después del almuerzo el área laboral o profesional y a la noche cine. ¡Uauhhhh!El no tener que vestirme para salir, viajar, llegar a horario y cumplir con los compromisos me dio tiempo para aprovechar mejor la vida. Me convertí en peluquera entre el teñido y el auto corte de pelo, me hice a mi manera la manicura y la pedicura y traté de no engordar, que de por sí es un gran desafío.
Y la verdad el tiempo no me alcanza para ver, aprender y participar de lo que el rectángulo llamado computadora me ofrece a diario. Debo decir que mi vida cultural creció en cuatro meses lo que hubiera necesitado cuatro años. He viajado como nunca  y me ha sorprendido la cantidad de creativos que han tenido la oportunidad de mostrar sus habilidades y genialidades. He tomado clases de lo que se les ocurra  y cosas que desconocía.  se me abrieron ventanitas como cuando hacemos zoom en la que en cada una hubo sorpresas, invitaciones, presentaciones e improvisaciones de rico contenido de intercambio cultural, social y económico.
Creo que esta explosión de vida saltó de las almas en contraposición a las noticias de una enfermedad acosada por un virus y la muerte. Reloj no marques las horas porque voy a enloquecer…porque no me alcanza el tiempo para los desafíos que el tiempo del coronavirus nos invadió. Confieso que no sé si lo que escribo es un acto de valentía o una ofensa a los que no pudieron hacer algo productivo con el encierro. Es que tengo presente la famosa frase de Charles Chaplin en la que decía que la vida es una obra de teatro en la que no hay ensayos. En estos más de ciento veinte días reaparecieron personas que estaban alejadas o perdidas y se sumaron otras que nunca pensamos que iban a formar parte de nosotros mismos. Hubo y hay solidaridad y de aquí en más nada será igual. El valor de lo invertido en darnos cuenta que somos tan vulnerables. Ha bajado la soberbia y la suficiencia. Lo que sí es cierto que el retiro ha cambiado nuestra forma de estar y ver al mundo envuelto en un barbijo en el que parecemos más extraterrestres que seres humanos. La sonrisa quedó vedada detrás del apósito bucal y nasal y los ojos son los buceadores de complicidad y empatía en esta aventura no escrita por  Julio Verne. A  veces cuando miro el reloj y me doy cuenta que tengo que ir a dormir dudo si seguir de largo para no perder tiempo o darme cuerda durmiendo para estar activa al día siguiente. Tiempo nuevo de un nuevo tiempo…

Invitada
MARTHA WOLFF
Escritora y periodista
EN ESTA NOTA: Martha Wolff Wolff Martha