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martes 3 de agosto, 2021
Invitado

Martha Wolff. Samid y los judíos ratas.

El gordo Samid de nuevo demostró su antisemitismo.

Hay muchas formas de decir gordo: por su peso, gordito cariñosamente y gordi entre enamorados u amigos. Pero a él le digo gordo con bronca y despectivamente. Él es un gordo indudablemente por sus kilos de más, y por criar grasa siguiendo con su deporte favorito de sentarse a manifestar su odio a los judíos. En su última agresión destiló además su filo nazismo al tratar de ratas a tres empresarios judíos, a los que considera ladrones, especuladores, explotadores y demás sinónimos entre líneas, todo menos trabajadores.

Este ex dueño de un frigorífico, al que se le decretó la quiebra, se le tendría que haber dejado las esposas puestas como cuando se lo llevaron para que no pudiera seguir escribiendo sus ideas discriminatorias, que son a la vez producto de la ignorancia que alimenta la xenofobia. Este gordo, que se atrevió a mostrarse con un tutú de bailarina clásica y haciendo el ridículo en el programa de Tinelli, y que ahora tiene puesta una tobillera electrónica para que no se escape, como cuando lo hizo a Belice cuando lo condenaron, debería pasar cientos de horas viendo los documentales sobre los experimentos que los nazis como Mengels hacían con los judíos porque no los consideraban personas. Él, que con su delantal y cuchillo se hizo millonario matando animales y faenándolos, sabe de carne y sangre, debe estar sentenciado a ver cómo mataban a los judíos. A lo mejor pierde el apetito y aprende la diferencia entre la necesidad de comer para vivir o sobrevivir y la gula.

Tratar de ratas a Marco Galperín de Mercado Libre, a Gustavo Grobocopatel, empresario agro agropecuario titular del grupo GROBO, y a Hugo Sigman, empresario y fundador del Grupo Insud vinculado a la producción de la vacuna Astrazeneca y Oxford, lo acusa de favorecer a Méjico en vez de a la Argentina en la provisión de vacunas, en un discurso de un delirante como lo fue Hitler. Al decir nuestras está diciendo que de los empresarios no lo son, porque al ser judíos no son argentinos. Como si el gordo Samid no ganó dinero exportando a los gringos.

Tratar de ratas a empresarios que beneficiaron a la Argentina porque han ganado dinero, es para que intervenga el INADI ante esas expresiones denigratorias. Para el gordo Samid, que fue fugitivo para salvar su pellejo y asegura su fortuna en el Caribe, los tres empresarios que son ciudadanos argentinos de religión judía, practicantes o no, fueron por este académico de la carne, de segunda categoría, considerados no ciudadanos, iguales ante la ley con plenos derechos. Fueron declarados, rebajados a roedores. Samid, lo que quiso decir, pero lo hizo encubierto, es que son extranjeros que vinieron a ganar plata para luego irse, pero por razones políticas, no como él que se escapó, coimeando en fronteras para pasar a Paraguay y Panamá, con la venia de sus contactos peronistas siempre listos para ayudar a un compañero de ruta. Lo que pocos recuerdan es que tuvo que pagar 300.000 pesos por su traslado al país cuando escapó. Lo que no dijo el gordo Samid, es que son todos los judíos iguales a los prototipos que siempre los señalaron, como prestamistas y especuladores, con narices aguileñas, lascivos ante el dinero e interesados en la plata, ante todo.

Si  por razones de salud el gordo Samid está en su casa prisionero, que llamen al mejor gerontólogo y le explique que su maldad y su sedentarismo terminaron de minar su cerebro.

INVITADA
Martha Wolff
Periodista y escritora